Posteado por: Contrapunto digital | diciembre 5, 2011

Año nuevo

   Me adelanto exactamente 25 días a las  acostumbradas crónicas de fin año. Primero, porque después del 20 (no sé en otros lugares) a casi nadie lo encuentras en su puesto de trabajo y segundo, porque como no me queda bien el género, prefiero compartir esta cosa –una de las clasificaciones más sensatas para denominar todo lo incorpóreo- mucho antes de que alguien pueda acordarse de que lo leyó.

Pensándolo bien, esperar un nuevo año siempre tiene sus encantos y sus (des) encantos. En diciembre hasta el más pinto de la paloma echa mano a las supersticiones: que si quemar un muñeco para destruir todo lo malo; que si agarrar una maleta y salir como un loco por todas las cuadras para ver si se me pega un viaje; que si lanzo un cubo de agua o granos de arroz, depende de las preferencias de los dioses que regirán los destinos del nuevo año –aunque con los precios del cereal en el mercado mundial hasta los orishas deberían repensar sus predilecciones-; que si pido un deseo a las 12 en punto para que se me cumpla… Mas, lo que sí no puede faltar es el lechón –pese a su costo en pie o en bistec- ni el congrís ni la yuca ni tan siquiera el traguito que por esos días suele justificarse.

Y aunque nos agobiemos durante todo el año uno vive soñando el futuro, por incierto que sea, con la esperanza de que “el próximo” sea de veras más próspero, se resuelvan todos los problemas y hasta podamos comprarnos un carro…. total, soñar no cuesta nada.

Pero, otro año más también tiene un sino de catarsis. Cuando niño uno no se preocupa mucho por si empezamos un nuevo milenio o si –según los Mayas- estamos al borde del Apocalipsis, pero cuando el almanaque se acerca a los ta cada año que pasa te restriega en la cara que envejeces (y eso no da mucha risa).

No obstante, diciembre es un mes de sorpresas y de gastos. Será por eso que siempre tiene ese rostro de fiesta y alegría que tanta falta le hace al cuerpo y al espíritu.

Entonces, por si las moscas, prefiero pensar que este no es el último de los años que nos restan por vivir. A lo mejor, los Mayas se equivocaron o se les agotó el presupuesto para seguir haciendo almanaques; prefiero creer eso y disfrutar como si en el 2012 no se acabara el mundo.

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Responses

  1. Vamos a pensar que a los mayas se les acabó la piedra, o que escondieron el otro calendario mucho mejor de lo que yo me escondo a mí misma el salario para que no se me gaste a mitad de mes, jejeje. Vamos a pedir este 31 de diciembre una sola “cosa”, porque es incorpórea: salud. Lo demás viene solo solito… Besos, me ha encantado este post…

  2. Voy a pedir pa´ tí, lo mismo que tú pa´ mí, salud que lo demás nos sobra.
    Me sucede con diciembre lo mismo que con el cambio de hora, estoy loca porque llegue agosto. Los mayas vieron el 2012 tan lejos y nosotros ya lo estamos casi tocando, el tiempo como siempre corriendo. Besos

  3. Gracias por los comentarios. Lo peor no es que llegue el 2012, lo peor es que nos estamos poniendo más viejas y por si los Mayas acertaron propongo darnos todos los gustos posibles (pelados incluidos) y tratar de pasar lo mejor posible este año nuevo.

  4. Bueno, tal vez los mayas se cansaron, y querían tomarse un descanso… de todas formas, estamos salvando el mundo desde nuestros pedacitos de blog…Gracias por este post.

    • Esperemos que estas líneas nos salven y que a los Mayas se les hayan agotado las piedras. Gracias, una vez más.


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