Posteado por: Contrapunto digital | diciembre 12, 2011

Despedida

   Nunca he sabido decir adiós. No soy la única, creo. Lo puedo ensayar de todas las maneras posibles y hasta montar un teatro para la ocasión, que al final se desmorona mi histrionismo, se me tuercen las palabras y termino tratando de huir sin remedio.

Hace unos días –después de mucho tiempo- volví a  sentir ese nudo en la garganta. O todas lo sentimos de golpe, con más o menos acierto para disimularlo. Hace solo siete días una amiga no está. ¿Y cómo guardar entonces ese adiós sin extraviarlo? ¿Cómo saber que a la vuelta de los años no se nos disiparán los recuerdos?

Al menos ella fue más inteligente, echó en una maleta su vida: muchas fotos, algunos documentos disonantes en otro mundo, reliquias de familia, las carcajadas compartidas en los mediodías de tertulias, los agobios de varios años, sus miedos y hasta las muñecas de una pequeña que no entiende de 3D ni de soledades; que nunca ha ido a Disneylandia, pero se cree princesa y que no conoce más diversión que las tardes de juego con un amigo que aún la espera a las puertas del colegio.

Creyó que aquella maleta era suficiente. Y así partió; más por utopía que por certezas; más por otros que por sí misma.

Ni entonces ni luego supimos decir adiós, acaso porque resulta más cercano un hasta pronto o un abrazo o el silencio; al menos son astucias para despistar las incertidumbres de un reencuentro.

Ella, en cambio, no pudo mirar atrás, tal vez por temor a la desazón que provoca el desarraigo o quizás porque nadie como ella sabe lo amargas que suelen ser las despedidas.

Hace siete días y aún sigo sin saber decir adiós; es más: a estas alturas pudiera asegurar que no aprenderé nunca. Solo quisiera creer que no le pasará, que con los años –como dice Buena fe- a ella no se le encharcará de nostalgias el corazón.

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Responses

  1. Parece que yo tampoco se decir adiós, creo ni siquiera hasta luego. Ojalá no sea preciso pasar por otro momento como ese.

    • Gracias a las dos, mis más fieles lectoras. Ojalá nunca tengamos que repetir el adiós; por si acaso, prefiero seguir sin aprender.

  2. Flor, este post me ha emocionado como ningún otro, sobre todo porque compartimos la zozobra de esa despedida. Prefiero creer que fue un “hasta luego”, que las murallas serán cada día menos infranqueables, que volveremos a verla más que en las fotos de tu boda. Al menos con eso me consuelo, y con mirar todos los recuerdos que nos dejó desperdigados por todas partes, a cada paso. Mi madre, si la “vieja” nos lee, de seguro llora. Gracias por emocionarte y emocionarnos, Flor…


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