Posteado por: Contrapunto digital | septiembre 7, 2012

Son de provincia

La Habana seduce. Tiene ese raro poder de obnubilar hasta a los más cuerdos. Quizás porque desde que la engendraron se sabe metrópoli soberana de no pocas exclusividades: el único Capitolio; la mayor de las fortalezas militares construidas por España en el Nuevo Mundo; los hoteles más pomposos; los mejores centros culturales de toda la isla y hasta los mayores por cientos de emigrados, como debe rezar en las más recientes estadísticas.

No basta con que se vanaglorie, se diga –y hasta se lo crean algunos- que es la capital de todos los cubanos; La Habana tiene ese sino discriminatorio per se. De lo contrario no resonaría una y otra vez, como para desnudarte en plena calle, la obligada pregunta: ¿son del interior?… como si el resto de los coterráneos de esta isla fueran apenas unos extraterrestres venidos de otra galaxia, acaso de la misma galaxia que esos interlocutores llevan tatuada –la mayoría de las veces- en su carné de identidad.

Por eso, para disimular el guajinómetro, algunos se disfrazan: se tragan las erres hasta para decir perro; evitan retratarse con el Capitolio a sus espaldas; disimulan el miedo a los miles de semáforos; permiten ser tragados, sin preguntar, por camellos a riesgo de confundir las paradas; enmudecen por tal de no cantar…

Hace un tiempo se me revolvieron de golpe unas que otras molestias. Acudí a la presentación de un libro de escritores “de provincia” en cierto centro cultural habanero. El agua embotellada –que no debe faltar en eventos de rango-; los micrófonos en la mesa; un menguado público y delante talentosos escritores –no lo dudo- que más que hablar de sus textos se desdoblaron en agradecer “la oportunidad de poder presentarnos aquí”, “allá en nuestra provincia hay mucha gente buena escribiendo, pero aquí no se conoce”; “allá tenemos las décimas, la casa museo de Fulano, las composiciones de Mengano…” como si el talento entendiese algo de fatalismo geográfico.

No pude menos que compadecerme de esa especie de servilismo profesional como si todos no fuesen escritores, como si todos no fuesen cubanos, como si todos no tuvieran las mismas posibilidades, como si todos no fuesen iguales… ¿o no? Recriminé a La Habana y a esa omnipotencia suya que la ha convertido en el único lugar posible para trascender. Lo lamenté aunque a lo mejor ella no tiene la culpa, ni ellos ni yo tampoco que más de una vez he sucumbido a su deslumbramiento.

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Responses

  1. […] Son de provincia […]

  2. ¿Acaso La Habana no es una provincia? ¡Somos cubanos!


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