Posteado por: Contrapunto digital | marzo 6, 2013

Amor de madre

“Le pido a Dios todos los días que mis seis hijos me entierren, que no tenga nunca que enterrar a ninguno de ellos”. Y Dios no escuchó a Elena Frías de Chávez. Fue lo menos que pensé cuando aquellas palabras, dichas mucho antes para un documental inconcluso de la periodista Maricela Recasens –como confesaría la propia reportera-, me estremecieran al filo de la medianoche durante la emisión del Noticiero del Cierre.

Chávez dolía desde mucho antes de la tarde de ayer. Desde que el cáncer se reveló como una certidumbre; desde la primera cirugía en La Habana; desde que las radioterapias lo devolvieron en imágenes –desacostumbradas siempre- sin cabellos; desde que hace apenas más de dos meses, sentado en la silla presidencial, anunció un obligado viaje, que quizás nunca presintió sin retorno.

No era la primera vez. Ni tampoco la única que se alejaba de Venezuela y de ese otro hogar suyo: su madre. Ya lo había hecho antes, cuando del lecho materno tuvo que pasar al de la abuela Rosa Inés porque las estrecheces económicas de la casa impedían sustentar a tantos vástagos.

Pero, acaso desde que se vistió de soldado Elena lo creyó demasiado temerario para quebrantarse. Tal vez ella –como solo saben las madres- desde entonces se arropó de remembranzas para agazapar el dolor, aunque bien lo supiera: hay heridas siempre abiertas.

Y por eso a lo mejor lo veía, aunque la señal del televisor se lo devolviera de rojo cerrado mientras le hablaba a la nación que había hecho suya, como el pequeño que vendía las “arañas” por las calles de Sabaneta o se recordara a solas con la comadrona cuando “naciste de 4 a 4 y 30 de la mañana (…)  No tenía reloj pero si sé que fue en la madrugada, el feliz nacimiento tuyo mi amor” –como lo reseñó el sitio Noticia al día cuando a petición de su hijo Elena le revelara el día aquel en que lo trajo al mundo-.

Desde entonces fue un amor sin explicaciones, pero de incertidumbres por esa elección del hijo de tanto andar al filo de la muerte. Mas, Chávez no dudaría nunca en hacerle saber cuánto refugio encontraba en su pecho, cuánto agradecía a Dios haber venido de su vientre.

Por eso hoy cuando Venzuela toda es llanto, las imágenes vuelven a estremecerme. Ya no es la voz de Elena –en las postrimerías de la noche- la causa de mis desvelos, sino esa mujer inconsolable que no se aparta del féretro. Otra vez resuena en mi mente la plegaria que le escuché anoche y prefiero figurármela entonces sentada en una de las butacas de la sala de su casa, casi tres años atrás, el Día de las Madres cuando el hijo eterno dedicara unas líneas –publicadas en Patria grande, la revista digital del ALBA– para homenajear a las madres venezolanas, y en especial a su mamá-abuela Rosa Inés y a ella. Prefiero imaginarla con una sola lágrima en las mejillas mientras Chávez le dice, en versos del poeta argentino Roberto Juarroz: He demorado mucho, /he demorado todas las mujeres/y también todos los hombres/,he demorado el tiempo interminablemente largo de la vida/ interminablemente breve,/para llegar a ser varias veces tu hijo.

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Responses

  1. Madame, me has emocionado con esta crónica que viví dos veces: mientras me contabas la emoción de aquella madrugada en la tertulia del mediodía, y mientras la leía con ese arte que tienes para contar historias. Un beso emocionado…

    • Flor, como bien dijistes, aún no sabemos cuánto duele una pérdida de esas, ojalá nunca lo sepamos. A mí también me emocionó mucho el testimonio por eso, por verla rogar con tanta fe morir antes que sus hijos.

  2. Me habían hablado de este post, de lo tierno y sensible que estaba y que debía leerlo, porque era una de las mejores crónicas que se publicaron por aquellos días de luto. No sé por qué lo pospuse y llegé tarde. No me mintieron, está hermoso, conmueves.

    • Muchas gracias por tus letras tan bienvenidas siempre en esta bitácora que suelo abandonar demasiado. Creo que este post -porque lo digo y lo repito: no sé escribir crónicas- ha sido uno de los pocos textos que me han salido de un tirón, sin proponérmelo siquiera. Demasiado dolor inconsolable, demasiadas imágenes desgarradoras. Gracias por leer y comentar.


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