Posteado por: Contrapunto digital | septiembre 9, 2016

Oficio de madre

lauren

Llegó sin avisos. Solo fue una sospecha callada ante el rechazo inesperado a los frijoles y una predilección desmedida por los plátanos maduros fritos. Primero fue incertidumbre, luego empezó a ser un grano de frijol plantado en mis entrañas según lo delineaban aquellas imágenes inentendibles de ultrasonidos.

Y desde entonces comenzaron los aprendizajes: que si ganancias de peso, que si prenatales, que si desprendimientos coreales, que si reposo absoluto, que si placenta previa… Sobrevendrían temores, preocupaciones, desvelos, alegrías.

El tiempo empezó a contarse en semanas hasta un día de mayo en que se le antojó provocar unas contracciones indoloras a modo de carta de presentación. Y nací otra vez, como si hasta entonces no hubiese vivido verdaderamente.

De poco valieron las advertencias de los ya experimentados. Bastó el primer llanto para desatar las ternuras todas. Aprendimos juntos –porque también hay un papá cinco estrellas-. Ella a intentar atrapar un pezón escurridizo y yo a aguantar los primeros tirones de sus labios; ella a mamar y yo a dejar que mis tetas empezaran a ser tan íntimamente públicas; ella a dormir de día y yo a desvelarme cada noche; ella a llorar y yo a adivinar cólicos; ella a hacer pipi y caca incansablemente y yo a lavar y a planchar como demente; ella a ser hija y yo madre…

Ya lo sabía desde antes, es un oficio eterno, multifacético; si no cómo entender que te vuelves adivina –puedes decir con la mayor certidumbre: ese llanto es de hambre y acertar-, artista, ama de casa, cantante, enfermera…

No lo lamentas jamás, aunque las ojeras amenacen con volverse crónicas, aunque te mires al espejo y a ratos te desconozcas, aunque el cansancio intente una y otra vez doblegarte. Pero nada más importa, a la corta los días se te van haciendo de mimos, gorjeos, risas, llantos, complicidades… Desde entonces algo mágico habita la casa y lo sabes.

Ser madre de estreno es la profesión más difícil del mundo, acaso porque te preocupas con el más mínimo de los sollozos –si eres tan loca como yo, claro está-, acaso porque te embobeces solo de descubrir que ya sabe virarse. Son los sobresaltos del amor, te dices a modo de excusas.

Nadie te lo enseña, pero es lo único que sabes: no hay más sosiego que su risa, no hay más descanso que su sueño tranquilo, no hay más tesoro que tenerla. Todo empieza en ella, todo late a su tempo, tanto que ahora mismo un llanto quedo desde la cuna coloca el punto final de estas líneas.

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Responses

  1. Y este tío que añora conocer a su sobrina!!! Te quiero, mi Lauren, aunque te deba un mar de besos y apretones!

    • Gracias, Carli, por leer y comentar, por querer a Lauren aunque sea un tin lejos.


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