Posteado por: Contrapunto digital | febrero 8, 2017

Vivir para contarla

caida1Es incierto, cuando uno está por caer de más de dos metros de altura no ve ningún túnel ni le pasa la vida toda por delante. Son apenas fracciones de segundo. Por lo menos a mí, con el pie en el último peldaño de la escalera y las palanganas de ropa tambaleándose en mis manos, solo me dio tiempo a asirme a una imagen: Lauren.

Bastó otro desequilibrio para presentirlo, quizás, y decirme: ¡Ay, Dios mío, no me puedo caer! Fue solo una premonición; en instantes la certeza: el pie resbaladizo, los pañales en el aire, una o mil vueltas y el cuerpo todo cediendo a la gravedad sin remedio.

Y apenas sentir los primeros dolores. No hubo peor estremecimiento que el llanto asustadizo desde el cuarto. Entonces no importan los golpes, sin saber cómo te incorporas y caminas y al pie de la cuna desenfundas la mejor de las sonrisas –aunque tal vez sea la más dolorosa- y aseguras: “No pasó nada, mi princesa, mamá está aquí”.

Luego sobrevienen, cuando alguien más cuerdo que tú te auxilia, los quebrantos: que si un chichón en la cabeza, que si un dedo negro, que si un trastazo inmenso en la espalda, que si un rasguño en el pie… Del otro lado de la línea telefónica la voz del padre médico conmina a rayos X y exámenes y tú que no, que no es nada.

Acostada en la camilla del hospital todavía piensas, por esa fuerza inexplicable que te ha atribuido la maternidad, que son solo aspavientos. Y mientras los doctores hablan de hematomas renales, de tomografías de cráneo, de desgarraduras de tendones, de hospitalización y de reposo lo único que te preocupa es que hace varios días tu pequeña anda inapetente y que la leche materna ha sido su sustento.

De golpe llegan las angustias todas y los desasosiegos porque sabes que irremediablemente será la primera vez, en ocho meses y pico, que no estarás para acurrucar a tu niña en la noche. Los minutos son horas sin ella e imposibilitada de ambas manos no encuentras mejor consuelo que enloquecer a quien te cuida para que a cada instante te acerque el teléfono y así escuchar a la abuela decir que no te preocupes, que la niña duerme y come y que todo anda bien.

Lo confirmas una vez más: nada tiene sentido sin ella. Solo por eso te quedas inmóvil encima de la cama, como te mandan; te resignas a no poder cargarla en días y a acariciarla solo cuando acostada a tu lado se te hace un ovillo para mamar; pero, gracias a dios, has podido estar de nuevo con ella. Y no hay mejor alivio que su sonrisa ni mayor tranquilidad que oír ya en casa ese balbuceo que llega en torrente de cura: ma-má.

Cuando caes de más de dos metros de altura y aún tirada en el piso escuchas romper un llanto desde la cuna, se desvanecen todos los miedos y entonces sabes que lo único que puedes hacer es sacudirte y levantarte… y vivir.

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Responses

  1. Yo sé de que hablas, yo sé lo que es levartarse y vivir, vivir… porque desde la cuna alguien dice: ma-má.

    • Así mismo es Zuly, ellas nos impulsan a vivir, a pesar de todo. Te quiero grande.

  2. Dayi, solo esa sílaba multiplicada para comprender la dimensión de la vida… Que bueno que escribes, es señal de que vas mejorando y de seguro Lauren come más, conversa más, crece más… Besitos

    • Gracias, Yaine, por leer y por escribir y por saber también de ese sentimiento materno que nos hace ser más fuertes.


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