Mi otro yo

El hijo de la bitácora

Fue un parto pretérmino –para no traicionar ni a los médicos ni a su terminología -. Como todo lo que llega inesperado, casi nació sin nombre, acaso por el temor de ponerle a un hijo el nombre equivocado, ese por el que lo recordarán o se reirán de él desde que vea la luz. Por el camino, y sin recurrir a las acostumbradas salidas de asociar todos los calificativos posibles del árbol genealógico, comenzó a llamarse Contrapunto y luego, por los caprichos de WordPress, adoptaría el apellido de Digital. Así llegó a este mundo virtual, con toda una vida por delante para, clic a clic, compartir las certezas y las escaramuzas cotidianas; los desvelos existenciales –de los cuales muchos no tendrán culpa, pero, si quieren, leerán-; las opiniones encontradas; las miradas interesantes e inteligentes… y así reconstruir juntos –palabra mediante- esta ínsula que sobrevive sin sobresaltos, aun en constante Contrapunto.

Responses

  1. Esto me encantó

    • Gracias, mi panter, sé que desde ahora serás una de las fieles madrinas de este blog.


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